Las emociones y la razón

Nota: se recomienda leer primero el post anterior aquí.

En diciembre de 1835, Charles Robert Darwin se embarcó en una expedición cuyo objetivo era completar estudios hidrográficos en la Patagonia y Tierra de fuego. Darwin era naturalista y biólogo, y era amigo del capitán del barco. Su interés era observar y conocer de primera mano la fauna y la flora en los lugares remotos.

El resultado de esa expedición, que duró cinco años, fue un libro llamado El Origen de las Especies, en donde Darwin postulaba la teoría de la evolución. Mediante sus observaciones descubrió que las especies biológicas surgen a través de la transformación genética de un ancestro a lo largo del tiempo. Estos cambios ocurren para hacer que esta especie pueda adaptarse mejor a su medio ambiente, es decir, para que la especie no desaparezca.

Esto básicamente estipula que las especies desarrollan cambios fisiológicos a lo largo del tiempo que les permiten sobrevivir mejor al ambiente en que están expuestas. Estos cambios se llaman ventajas evolutivas y pueden ser físicas, fisiológicas o comportamentales. El objetivo principal es permitir a las especies sobrevivir y reproducirse con mayor éxito.

La especie humana no escapa de este ciclo biológico y a lo largo del tiempo ha desarrollado sus propias ventajas evolutivas que le han permitido tener éxito en la supervivencia y la reproducción. Una de las ventajas evolutivas, quizás de las más importantes, son las emociones.

Las emociones son las reacciones físicas y psicológicas que experimentamos cuando se percibe un objeto, suceso, persona o cualquier otro estímulo sensorial. Las emociones también se experimentan ante una idea surgida en nuestra mente, como la de un recuerdo.

Las emociones funcionan como un motor que desencadena cambios físicos o conductuales. Nos permiten por ejemplo huir de una situación peligrosa, mantener conductas higiénicas, defendernos de quién nos hace daño o disfrutar aquello que nos hace bien.

Actualmente reconocemos seis emociones que están presentes en cualquier ser humano, y son:

  1. Miedo
  2. Sorpresa
  3. Asco
  4. Ira
  5. Alegría
  6. Tristeza

Es muy fundamental hacer notar que las emociones son anteriores a la razón. Están escritas en nuestra estructura genética y nos hacen actuar de una manera inmediata. Todas las emociones son intensas, pero no duraderas. Como se dijo anteriormente, estas suponen ventajas evolutivas que nos impulsan a actuar inmediatamente ante algún estímulo real o imaginario.

La razón, por otra parte, es la capacidad del ser humano de pensar y reflexionar para llegar a una conclusión o formar juicios de una determinada situación o cosa. La capacidad de razonar es sin duda otra de nuestras ventajas evolutivas, y la que más nos aleja de las demás especies.

La razón, sin embargo, no es una respuesta inmediata. Requiere de muchos otros procesos físicos y psicológicos que toman tiempo. Además, esta capacidad se va modificando a lo largo de la vida tomando en cuenta las experiencias y los recuerdos. Las ideas que formamos con nuestra capacidad de razonamiento no necesariamente vienen escritas en nuestra memoria genética (aunque se cree que algunas sí lo están). Las ideas pueden ser o no intensas y a diferencia de las emociones pueden ser duraderas.

Tanto las emociones como la razón, son procesos químicos y eléctricos que suceden en nuestro sistema nervioso central, y que habilitan o son habilitados por otros muchos procesos de los demás sistemas que componen nuestro cuerpo.

Pensemos, por ejemplo, la emoción del miedo. Esta puede sentirse en el estómago o en los músculos de la espalda. Como podemos ver, nuestro cuerpo en su totalidad participa de la emocionalidad. Y las emociones son capaces de alterar la física de nuestro cuerpo, modificando por ejemplo la frecuencia cardiaca, la tensión de los músculos o la acidez del estómago.

En este sentido, el ser humano es una especie emocional con capacidad para razonar. Notemos cómo esta definición nos hace ver que las emociones son anteriores a la razón. Muchas veces suponemos que como seres razonantes somos capaces de “deshacernos” de las emociones, sin embargo, esto no es posible, pues ellas forman parte de nuestra naturaleza básica.

Esto no significa que la razón no pueda alterar la emociones, al contrario, la razón puede ayudarnos a limitar la fuerza de nuestras acciones que responden a una emoción. Sin embargo, esto no es algo inmediato, ya que llevar a la razón nuestro comportamiento emocional toma tiempo y autoconocimiento.

En cualquier caso, el primer paso es reconocernos como los seres emocionales que somos.

Bibliografía

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