¿?

Fue sonoro como un trueno en una tormenta, como la corneta que tocarán los ángeles el día del juicio. El aire se puso denso y podía sentirse sobre la piel como una manta rozando por el cuerpo. Los ojos lagrimeaban y por eso solo podían percibirse siluetas de figuras irreales. En la boca el sabor era rancio, ácido y amargo. El olor fue como estar en un tiradero de animales podridos. El pedo fue épico.

Águila

Sabía que este día llegaría, su madre lo había preparado para esto cuando lo alimentaba en el nido. Estaba destinado a ver más que el blanco de su montaña.

Hasta ahora habían sido solo historias, de lugares de mucho color y mucho ruido. Pero el paso es mortal, aterrador y rodeado de tanta muerte. Temblaba ya y no sentía frío. Su cuerpo había cambiado, pero él no lo conocía. Su madre ya no había vuelto. Sabía pues que el día había llegado. ¿Vivirá?

Se arma de valor y se acerca al filo de todo lo que conocía, abajo solo hay blanco de nube y vacío. No lo piensa más y da el brinco.

Cae, el viento le golpea con fuerza. Riscos y riscos y en el fondo el verde del suelo. Está paralizado, está maravillado. ¿Será éste su destino? ¿Color y ruido?

Finalmente abre las alas. Color y ruido. Vida.

El Gran Dinosaurio (En una cuartilla)

El Gran Dinosaurio nació el veinte de agosto de mil novecientos ochenta y uno durante una madrugada sin luna. Los historiadores cuentan que el grito que lanzó al respirar el aliento de vida pudo oírse hasta la tierra de fuego. Los lugareños relatan que el sonido fue parecido al que hacen los caribús al aparearse. Desde ese día en esta región se celebra anualmente el festival del caribú.

Tuvo una infancia feliz y privilegiada en la verde Antequera. Cuando tenía nueve años y al regresar de un paseo por el río, se hizo de noche y contempló con asombro el firmamento. Ese día se decidió a ser cazador de estrellas, su método consistía en llamarlas con sonidos suaves hasta domesticarlas, posteriormente las amarraba con largas cuerdas. A sus diez años, tres meses, doce días y cuatrocientos segundos murió su abuelo materno. Esa misma noche contempló una nueva estrella en el cielo de un azul inigualable. A la noche siguiente liberó a las estrellas cautivas que volvieron a surcar el cielo formando figuras de animales y cosas extraordinarias.

A los catorce años mientras husmeaba en la biblioteca familiar descubrió un libro que explicaba paso a paso la forma de convertir cualquier metal en oro puro. Realizó pues las acciones, pero por una mal medida detonó una pequeña explosión que lo dejó sin sentido por unas horas. Se dice que cuando despertó comenzó a escribir sin parar en una máquina mecánica que usaba en la escuela. Al término de unos días había escrito ya mil doscientas hojas describiendo en perfecta prosa el sentido de la existencia humana. A la mañana siguiente tomó cada una de las hojas e hizo con ellas figuras de animales que regaló a los niños en el parque. Se sabe que algunas de ellas cobraron vida y volaron o corrieron escapando hacia el bosque.

El veintitrés de agosto de dos mil ocho contrajo nupcias con Lady Parga, su actual esposa. El vestido de bodas de la novia fue hecho con plumas de todas las especies vivas de pájaros que había en ese tiempo, incluidos el rascón barrado y el calamón de Santa Helena que ahora solo pueden apreciarse en fotografías de libros. La cola del vestido fue hecha de seda y medía mil doscientos metros, después de la ceremonia ésta fue donada para hacer mortajas que se usaron para los difuntos de la guerra civil yemení. Dos años después nacería su primer hijo Sebastián y cinco años más tarde Santiago llegaría a completar a la familia. Sus biógrafos narran que sería después del nacimiento de su primer hijo que experimentaría por primera vez el miedo a la muerte.

El hueco

Es el fuego que brota de la tierra, es la historia de lo que ha sido, soy yo enterrado pero vivo. Y cuando explota sale todo ese brillo de aquello que coloreó ese cuadro. Lo veo ahora y no hay color, como ayer cuando reía y brillaba con cualquier sinsentido.

¿Soy yo? ¿sigo siendo yo? No, ahora solo es un remolino. Sí, soy yo.

Puedo sentir el hueco que dejas en la cama cuando te levantas. Como cuando a un aguacate le sacas el corazón, y así ya muerto, todavía lo apachurras con tus manos. Y yo así como el guacamole.

Un hueco como el que hay entre las dunas del desierto y tú como un espejismo, una ilusión. Y yo con tanta sed de tu contacto.

Yo tirado, seco, apachurrado y sediento. En ese borde de ese hueco que es tu ausencia. Me hace falta el aire, no respiro.

Pero vuelves, y entonces sí. Yo también vuelvo.

La mirada

Es la oscuridad y las sombras. Los crujidos y los sonidos cuando estas solo, y es de noche. Es la casa vieja con sus viejos habitantes, sus fantasmas y sus muertos. Son los espíritus que susurran que no fuiste bueno, es tu abuela o tu madre. Son las voces que no son de nadie. Es todo eso que no existe. ¿O podría?

Son las ratas, alacranes y culebras que cubren el piso y tu descalzo. Es la araña que camina en tu vientre mientras duermes, el asesino que te espera al despertar. Es la guerra. Y los niños ¿dónde están?

Es no poder respirar, ahogarte en el río, que el avión se caiga, que te lleve el mar, caer de un precipicio. Un choque mortal, quedarse ciego. Sangre en el lavabo, quedarte sin pelo. Que un perro te muerda, que te descubra tu mamá, tu pareja o tu suegra.¿Estará embarazada?¿Y los niños?

Es el verte en el espejo y no ser tú. Amar y no ser correspondido. La rutina, la herencia y la muerte. Trabajar y trabajar y al final sentirse solo o abrumado con lo que eres. O peor, lo que no eres.

La mirada lo delata, tiene miedo.

Sueño

Como un cubo obscuro se presenta, al parecer es algo muy preciado. Brilla como el oro, más huele a pesadilla. Habla del pasado con vehemencia, aunque solo exista en el presente. Algunos ven en eso el futuro, más lo siento pero se equivocan.

En los estantes hay culebras comiendo algodón de azúcar. También hay estrellas y unicornios, aunque ellos ya no brillan. Hay vuelos y barcos, sirenas y clavicordios. Los estantes de madera, los objetos de polvo de estrellas.

En el centro hay un lago de aguas cristalinas, en el fondo nadan peces. A veces también hay pájaros, algunos cantan y otros callan. Una ballena se aleja mientras las abejas le pican. Un delfín y un caballo, pues el lago es muy profundo.

Todo el tiempo hay mucho ruido, muy pocas veces hay calma. Cuando hay calma es siniestro, el silencio no se aguanta. Pero entonces se descansa ¿será esta la última noche? Pero no importa si así lo sea pues aquí los muertos se pasean, y los vivos a veces se entierran. Y se lloran.

Aquí solo abren por las noches, y algunas veces sin aviso. Vive en la sombra pero la luz azul lo delata, cuando por las calles se desparrama. Esas calles son privadas, cerradas de los ojos sigilosos. E incluso quien ahí vive desconoce la hiel o la miel de sus palabras.

Yo solo entiendo que así como aparece, como una brisa se desvanece. Algunas veces permanece pero casi siempre se esfuma. Y vuelve a ese punto de la existencia en que lo que ves no existe, pero sí existió. Preludio de la muerte de seguro, ese instante en que se es vida. Y volvemos, una vez más volvemos.

Carta al Coronel San Miguel

Monquesillo el Alto a 2 de Junio del año del Señor de 1887

Excelentísimo Coronel:

Como cada mes, tengo a bien el enviarle el reporte de las actividades y hechos presentados a lo largo y ancho de la jurisdicción en la cual por su noble venia me ha puesto a cargo desde nuestro ultimo encuentro hace veinticuatro años, siete meses, dos días y cinco horas. Tomo estas líneas para agradecerle primeramente su confianza desde ese momento y aprovecho para jurar una vez más mi lealtad hacia usted y hacia la lucha. A continuación, sin más detenimientos, procedo a participar pues los hechos.

Como cada año al acabar las lluvias de temporada los niños salieron a colectar las florecillas de remilquete colorado, únicas de nuestra región. la recolección fue buena y se contaron dos mil quinientos sesenta y siete kilos y trescientos gramos de la flor. Esta cantidad alcanzaría, si el trabajo es bueno, para producir seiscientos litros de perfume de remilquete y con ellos satisfacer la demanda del mismo por un par de años. A menos claro que vuelvan las fiebres vascas y se necesite el perfume como remedio. Quiera Dios que no sea necesario.

Por desgracia la cosecha de zímbalos fue mermada por un ataque de perdices rojas. Los animalejos acabaron con más de la mitad de la cosecha y debido a esta considerable merma los tradicionales pasteles tendrán que ser sustituidos por tartas de calabaza, fruto del cual tenemos mucho ya que el año pasado hubo una muy buena cosecha. Las cebollas, los rábanos y las lechugas reportan buen progreso y tal vez durante el próximo mes podamos cosecharlas.

Durante el mes en cuestión se bien lograron quince varones y doce hembras de familias de la región. Cuatro de las hembras nacieron con algunas extremidades extra como suele suceder cuando se conciben en luna roja, y las demás criaturas viven sin novedades. Las doce hembras ya fueron prometidas con niños varones del pueblo como obedece la tradición, para poder preservar la pureza del linaje. Solo tres de ellas tendrán que aparearse con primos pues las camadas pasadas no alcanzaron a satisfacer la demanda.

De la misma manera durante este mismo periodo se reportan veintisiete defunciones. Doce de las cuales fueron por causa del repentino creciente del arroyo, y las demás por causas variadas y naturales. Ninguna muerte a causa de la guerra, de la cual no hemos oído hablar desde hace veinticuatro años. El panteonero reporta que los santos campos tiene capacidad aun de recibir los restos por otros cinco años más, a menos claro que las fiebres vascas vuelvan a la región. Pero para esto ya se dispone de un nuevo lote predestinado para este caso.

Cabe mencionar que uno de los decesos fue de el buen Ebaristo Reyes del Angel, nuestro preparador de pociones de la salud. Afortunadamente, su hijo ahora Don Ebaristo Reyes del Angel podrá continuar con la labor de su padre que tuvo a bien el aprender por los ultimo veintisiete años.

Los anteriores fueron los acontecimientos más importantes, ya que los demás por menores seguramente no serán de su interés y lo que menos queremos es ocupar de más su tiempo para que lo entregue totalmente a las buenas causas que con su vida defiende.

Como siempre, depositaré esta carta en el río dentro de una botella, ya que desconozco su paradero y esta sería la única manera de llegar a usted. Espero que en algún momento tenga tiempo de contestarme, ya que seguramente esta usted muy ocupado y por eso aún no he recibido respuesta de mis reportes anteriores.

Sin más por el momento y hasta el próximo mes, quedo de usted como su más ferviente servidor.

Don Urbino Yañes Espíndola

Postdata: La señora Ibarra aún espera con ansias que regrese a su lado. Su hijo se ha desarrollado fuerte y pinta de buen mozo.

El llanto

Y entonces fue cuando decidió por fin detenerse, se salió del camino y busco la sombra de un árbol. Lentamente se acomodó apoyando su espalda sobre el tronco, sintiendo la rugosidad sobre su espalda mojada. Miró hacia el horizonte y comenzó a llorar.

Al principio, primero solo salieron algunos quejidos. Suaves sibilaciones provenientes de su nariz al ritmo cada vez más agitado de su respiración. Unas incipientes gotas de agua comenzaron a brotar de sus ojos aún claros. Sus manos ya temblaban y no encontraba cómo acomodarlas en su cuerpo.

Sus ojos entonces se tornaron colorados y las gotas de sus ojos comenzaron a engrosarse. El suave silbido de su nariz se empezó a convertir en una especie de graznido. Su nariz empezaba a taparse y el ritmo de su respiración vacilaba, así como vacilaba su mente inquieta llena de angustia. En el cielo las nubes cubrieron la luz del sol y un frío extraordinario surgió de la nada. Su piel reaccionó volviéndose de gallina.

Poco después se soltó finalmente toda la fuerza de su sentimiento tanto tiempo atrapado en su interior. Las lágrimas corrían como ríos furiosos sobre sus mejillas, apenas respiraba debido a sus fuertes sollozos. Agua salada corría de sus ojos y su nariz y mojaba primeramente las palmas de sus tembleques manos y luego se derramaba estrepitosamente sobre todo su cuerpo. El frío que sentía le calaba hasta los huesos y todo el cuerpo temblaba sin control. Era el momento en que toda la fuerza del llanto salía liberado, tanto tiempo y tanta vida se consumía mientras su interior se vaciaba.

Finalmente, así como había empezado, todo empezó a ceder. A medida que su interior se vaciaba, su cuerpo dejó de temblar, dejó de sentir frío y las lágrimas cesaron. Su cuerpo y su cara volvieron a estar secos. Sus ojos volvieron a estar claros y respiraba limpiamente.

Entonces volvió a salir el sol. Ágilmente se incorporó y camino con firmeza hacia el camino. Y así continuó con su camino, buscando su final destino.