Carta al Coronel San Miguel

Monquesillo el Alto a 2 de Junio del año del Señor de 1887

Excelentísimo Coronel:

Como cada mes, tengo a bien el enviarle el reporte de las actividades y hechos presentados a lo largo y ancho de la jurisdicción en la cual por su noble venia me ha puesto a cargo desde nuestro ultimo encuentro hace veinticuatro años, siete meses, dos días y cinco horas. Tomo estas líneas para agradecerle primeramente su confianza desde ese momento y aprovecho para jurar una vez más mi lealtad hacia usted y hacia la lucha. A continuación, sin más detenimientos, procedo a participar pues los hechos.

Como cada año al acabar las lluvias de temporada los niños salieron a colectar las florecillas de remilquete colorado, únicas de nuestra región. la recolección fue buena y se contaron dos mil quinientos sesenta y siete kilos y trescientos gramos de la flor. Esta cantidad alcanzaría, si el trabajo es bueno, para producir seiscientos litros de perfume de remilquete y con ellos satisfacer la demanda del mismo por un par de años. A menos claro que vuelvan las fiebres vascas y se necesite el perfume como remedio. Quiera Dios que no sea necesario.

Por desgracia la cosecha de zímbalos fue mermada por un ataque de perdices rojas. Los animalejos acabaron con más de la mitad de la cosecha y debido a esta considerable merma los tradicionales pasteles tendrán que ser sustituidos por tartas de calabaza, fruto del cual tenemos mucho ya que el año pasado hubo una muy buena cosecha. Las cebollas, los rábanos y las lechugas reportan buen progreso y tal vez durante el próximo mes podamos cosecharlas.

Durante el mes en cuestión se bien lograron quince varones y doce hembras de familias de la región. Cuatro de las hembras nacieron con algunas extremidades extra como suele suceder cuando se conciben en luna roja, y las demás criaturas viven sin novedades. Las doce hembras ya fueron prometidas con niños varones del pueblo como obedece la tradición, para poder preservar la pureza del linaje. Solo tres de ellas tendrán que aparearse con primos pues las camadas pasadas no alcanzaron a satisfacer la demanda.

De la misma manera durante este mismo periodo se reportan veintisiete defunciones. Doce de las cuales fueron por causa del repentino creciente del arroyo, y las demás por causas variadas y naturales. Ninguna muerte a causa de la guerra, de la cual no hemos oído hablar desde hace veinticuatro años. El panteonero reporta que los santos campos tiene capacidad aun de recibir los restos por otros cinco años más, a menos claro que las fiebres vascas vuelvan a la región. Pero para esto ya se dispone de un nuevo lote predestinado para este caso.

Cabe mencionar que uno de los decesos fue de el buen Ebaristo Reyes del Angel, nuestro preparador de pociones de la salud. Afortunadamente, su hijo ahora Don Ebaristo Reyes del Angel podrá continuar con la labor de su padre que tuvo a bien el aprender por los ultimo veintisiete años.

Los anteriores fueron los acontecimientos más importantes, ya que los demás por menores seguramente no serán de su interés y lo que menos queremos es ocupar de más su tiempo para que lo entregue totalmente a las buenas causas que con su vida defiende.

Como siempre, depositaré esta carta en el río dentro de una botella, ya que desconozco su paradero y esta sería la única manera de llegar a usted. Espero que en algún momento tenga tiempo de contestarme, ya que seguramente esta usted muy ocupado y por eso aún no he recibido respuesta de mis reportes anteriores.

Sin más por el momento y hasta el próximo mes, quedo de usted como su más ferviente servidor.

Don Urbino Yañes Espíndola

Postdata: La señora Ibarra aún espera con ansias que regrese a su lado. Su hijo se ha desarrollado fuerte y pinta de buen mozo.