El Miedo, la sorpresa, el asco, la ira, la alegría y la tristeza

Nota: se recomienda leer primero los post anteriores: Phineas Gage y Las emociones y la razón.

El miedo es una emoción que surge cuando percibimos un peligro o una amenaza, real o imaginaria. A lo largo de la historia nos ha permitido identificar y evitar las situaciones que ponen en riesgo nuestra supervivencia. Se piensa que el miedo a las arañas, las serpientes, las alturas o la oscuridad puede tener un origen innato que se remonta a nuestros antepasados.

El miedo activa el sistema nervioso simpático, que prepara al organismo para luchar o huir. El corazón late más rápido, la respiración se acelera, las pupilas se dilatan y los músculos se tensan. El miedo, al ser una emoción, es intensa y no duradera. Cuando la emoción se extingue, nuestro cuerpo se relaja y segrega endorfinas y dopamina, sustancias que nos dan placer. Es por eso que muchas personas disfrutan de ver películas de terror o subir a montañas rusas u otras actividades que produzcan esta emoción.

La sorpresa es una reacción breve e intensa ante algo inesperado o novedoso, puede ser neutra, positiva o negativa dependiendo de lo que ocurra después. Esta emoción ha sido una ventaja evolutiva porque nos ayuda a detectar y adaptarnos a los cambios en el ambiente.

La sorpresa nos brinda la oportunidad de aprender de las situaciones inesperadas y modificar nuestros esquemas mentales. Además, facilita la comunicación y cooperación entre los individuos.

El asco es una emoción que nos hace sentir rechazo o repulsión hacia algo que nos parece desagradable o contaminante. Es una emoción adaptativa que nos ayuda a evitar el riesgo de enfermarnos o intoxicarnos. Puede ser provocado por diferentes estímulos, como alimentos, olores, imágenes, sonidos o personas.

La ira es una emoción que se expresa a través del resentimiento o la irritabilidad. Esta puede ayudar a intimidar o a defenderse de un posible adversario. Cuando alguien siente ira, se activa el sistema nervioso simpático y aumenta la fuerza física y la resistencia al dolor. El estrés que causa esta emoción puede afectar significativamente al cuerpo, especialmente cuando se experimenta continuamente.

La alegría es una emoción que se produce por un acontecimiento favorable que suele manifestarse con signos exteriores como la sonrisa. La alegría está relacionada también con el amor, que nos motiva a buscar pareja y reproducirnos.

La alegría nos ayuda a formar vínculos sociales y a expresar nuestros sentimientos. Cuando alguien está alegre, su cerebro produce endorfinas que provocan placer.

La tristeza es una emoción que se produce ante un acontecimiento desfavorable o doloroso. La tristeza puede ayudarnos a enfocar nuestra atención en el conflicto que nos afecta, y a tomar mejores decisiones al respecto. La tristeza facilita la empatía y el apoyo social de los demás.

Como podemos ver, todas las emociones cumplen alguna función importante para la supervivencia. Pero lo más relevante es que todas nos ayudan a relacionarnos con las personas de nuestro medio. Este efecto es sin duda uno de los más valiosos a nivel evolutivo, ya que el ser humano es un ser sociable. Necesita de los demás para poder sobrevivir.

Bibliografía

Las emociones y la razón

Nota: se recomienda leer primero el post anterior aquí.

En diciembre de 1835, Charles Robert Darwin se embarcó en una expedición cuyo objetivo era completar estudios hidrográficos en la Patagonia y Tierra de fuego. Darwin era naturalista y biólogo, y era amigo del capitán del barco. Su interés era observar y conocer de primera mano la fauna y la flora en los lugares remotos.

El resultado de esa expedición, que duró cinco años, fue un libro llamado El Origen de las Especies, en donde Darwin postulaba la teoría de la evolución. Mediante sus observaciones descubrió que las especies biológicas surgen a través de la transformación genética de un ancestro a lo largo del tiempo. Estos cambios ocurren para hacer que esta especie pueda adaptarse mejor a su medio ambiente, es decir, para que la especie no desaparezca.

Esto básicamente estipula que las especies desarrollan cambios fisiológicos a lo largo del tiempo que les permiten sobrevivir mejor al ambiente en que están expuestas. Estos cambios se llaman ventajas evolutivas y pueden ser físicas, fisiológicas o comportamentales. El objetivo principal es permitir a las especies sobrevivir y reproducirse con mayor éxito.

La especie humana no escapa de este ciclo biológico y a lo largo del tiempo ha desarrollado sus propias ventajas evolutivas que le han permitido tener éxito en la supervivencia y la reproducción. Una de las ventajas evolutivas, quizás de las más importantes, son las emociones.

Las emociones son las reacciones físicas y psicológicas que experimentamos cuando se percibe un objeto, suceso, persona o cualquier otro estímulo sensorial. Las emociones también se experimentan ante una idea surgida en nuestra mente, como la de un recuerdo.

Las emociones funcionan como un motor que desencadena cambios físicos o conductuales. Nos permiten por ejemplo huir de una situación peligrosa, mantener conductas higiénicas, defendernos de quién nos hace daño o disfrutar aquello que nos hace bien.

Actualmente reconocemos seis emociones que están presentes en cualquier ser humano, y son:

  1. Miedo
  2. Sorpresa
  3. Asco
  4. Ira
  5. Alegría
  6. Tristeza

Es muy fundamental hacer notar que las emociones son anteriores a la razón. Están escritas en nuestra estructura genética y nos hacen actuar de una manera inmediata. Todas las emociones son intensas, pero no duraderas. Como se dijo anteriormente, estas suponen ventajas evolutivas que nos impulsan a actuar inmediatamente ante algún estímulo real o imaginario.

La razón, por otra parte, es la capacidad del ser humano de pensar y reflexionar para llegar a una conclusión o formar juicios de una determinada situación o cosa. La capacidad de razonar es sin duda otra de nuestras ventajas evolutivas, y la que más nos aleja de las demás especies.

La razón, sin embargo, no es una respuesta inmediata. Requiere de muchos otros procesos físicos y psicológicos que toman tiempo. Además, esta capacidad se va modificando a lo largo de la vida tomando en cuenta las experiencias y los recuerdos. Las ideas que formamos con nuestra capacidad de razonamiento no necesariamente vienen escritas en nuestra memoria genética (aunque se cree que algunas sí lo están). Las ideas pueden ser o no intensas y a diferencia de las emociones pueden ser duraderas.

Tanto las emociones como la razón, son procesos químicos y eléctricos que suceden en nuestro sistema nervioso central, y que habilitan o son habilitados por otros muchos procesos de los demás sistemas que componen nuestro cuerpo.

Pensemos, por ejemplo, la emoción del miedo. Esta puede sentirse en el estómago o en los músculos de la espalda. Como podemos ver, nuestro cuerpo en su totalidad participa de la emocionalidad. Y las emociones son capaces de alterar la física de nuestro cuerpo, modificando por ejemplo la frecuencia cardiaca, la tensión de los músculos o la acidez del estómago.

En este sentido, el ser humano es una especie emocional con capacidad para razonar. Notemos cómo esta definición nos hace ver que las emociones son anteriores a la razón. Muchas veces suponemos que como seres razonantes somos capaces de “deshacernos” de las emociones, sin embargo, esto no es posible, pues ellas forman parte de nuestra naturaleza básica.

Esto no significa que la razón no pueda alterar la emociones, al contrario, la razón puede ayudarnos a limitar la fuerza de nuestras acciones que responden a una emoción. Sin embargo, esto no es algo inmediato, ya que llevar a la razón nuestro comportamiento emocional toma tiempo y autoconocimiento.

En cualquier caso, el primer paso es reconocernos como los seres emocionales que somos.

Bibliografía