Phineas Gage nació en julio de 1823 en New Hampshire, Estados Unidos. A sus 25 años era conocido como una persona alegre, cordial, educada y capaz; por lo cual era estimado entre sus conocidos y sus empleadores le tenían alto aprecio. Él trabajaba como capataz en una empresa de construcción de ferrocarriles y era el encargado de minar los lugares donde se trazaban las rutas de los trenes.
El 13 de septiembre de 1848, cuando trabajaba en Cavendish, ocurrió un accidente extraordinario. Una barra de hierro le atravesó la cabeza de abajo hacia arriba en la parte izquierda. Increíblemente, permaneció consiente mientras lo llevaron a un improvisado “hospital” en un pueblo cercano para atenderlo. Los doctores que lo atendieron pensaron que moriría por lo escandaloso de la lesión. Le retiraron la barra y continuaron atendiéndolo como pudieron.
En ese entonces se sabía que cuando alguna persona resultaba lesionada en la cabeza era muy común que perdiera alguna facultad física como la vista, el habla, la memoria o alguna habilidad motora. Este era el pronóstico de Phineas en el caso de que sobreviviera.
Phineas no solo sobrevivió, si no con el paso de las semanas fue mejorando y no daba muestra de haber perdido ninguna habilidad física. Después de semanas de recuperación recordaba perfectamente todo, podía hablar, ver y moverse sin problemas. Incluso meses después volvió a su trabajo de capataz en la ferroviaria.
Sin embargo, algo cambió en Phineas. Se volvió impulsivo, irrespetuoso y grosero. Era incapaz de contener sus emociones como la ira, se le dificultaba resolver problemas y planificar como antes. Esto ocasionó que fuera despedido de su trabajo y perdiera sus amistades. Cambiaba de un trabajo a otro sin poder mantenerlo, incluso viajó a Chile para ser conductor de diligencias y finalmente terminó como granjero en California.
Phineas murió finalmente en 1860 a causa de ataques epilépticos provocados seguramente por el accidente que sufrió en la ferroviaria.
El caso de Phineas aparte de ser increíble en sí mismo, fue un parte aguas para la ciencia, al hacer patente que el cerebro regulaba el comportamiento y la personalidad. Específicamente en cómo el lóbulo izquierdo es el encargado de esos ámbitos.
Anteriormente a este caso, no estaba comprobado que nuestra personalidad y emociones fueran creadas a partir de nuestro sistema nervioso central. Justo como sucede con nuestros movimientos y nuestras capacidades físicas. Se creía que nuestros sentimientos residían en algo más místico o espiritual. Esto es importante, pues cuando alguien adquiría una enfermedad “emocional” se consideraba algo fuera del alcance de la medicina, terrenos de lo espiritual y religioso.
Phineas Gage es considerado por muchos como el hombre que inició la neurociencia. La neurociencia es ahora la rama de la ciencia que se ocupa de estudiar la estructura, función, desarrollo, química, farmacología y patologías del sistema nervioso, en relación con la conducta y la mente humana.
El objetivo de esta ciencia es develar el funcionamiento biológico que subyace en las emociones y los pensamientos, analizar cómo este influye sobre dichas emociones e investigar su efecto sobre procesos mentales como la conducta, el aprendizaje y la memoria[i].
En resumen, a partir de este accidente podemos decir que nuestras emociones, sentimientos, pensamientos y construcciones mentales están relacionados directamente con nuestro sistema nervioso central. Es decir, podemos verlos como parte de nuestra propia biología y como tal aceptarlos, tratarlos y sanarlos de la misma forma que atendemos nuestro cuerpo físico.
Es cierto que como todo lo que nos hace “ser humano”, es un sistema complejo. Pero eso no nos impide abordarlo con curiosidad y generar aprendizaje que nos permita vivir mejor.
El cráneo de Phineas Gage y la barra que lo atravesó se conservan en el Museo Warren Anatómico de la universidad de Harvard.
[i] Editorial Grudemi (2019). Neurociencia. Recuperado de Enciclopedia de Biología (https://enciclopediadebiologia.com/neurociencia/). Última actualización: diciembre 2019.
Maravilloso y asombroso es nuestro cerebro y todas su funcionamiento. Yo espero algún día hacer un diplomado o alguna especialización en neuropsicología. Me agradó mucho este escrito.
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